Ayer nos reunimos en una jornada para hablar de voluntariado, pero también para hablar de comunidad, participación, diversidad y transformación social. Un encuentro organizado por Batekin, BizkaiaGara, Gizalde y Gobierno Vasco con motivo del Año Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Sostenible 2026 y de la implementación de la Estrategia Vasca de Voluntariado 2025-2028.
Fue un día para detenernos, mirar todo lo que se está haciendo y, sobre todo, preguntarnos cómo queremos que sea el voluntariado del futuro.
30 años mirando hacia adelante
La jornada comenzó con una mirada al recorrido del voluntariado en Europa durante las últimas tres décadas. Un recorrido lleno de aprendizajes y que también nos permite identificar los nuevos retos a los que debemos hacer frente.
Porque la sociedad cambia y, con ella, también lo hacen las formas de participar. El voluntariado debe ser capaz de adaptarse a nuevas realidades, nuevas necesidades y nuevas maneras de relacionarnos y comprometernos con nuestro entorno.
En este camino, Euskadi cuenta con una trayectoria y un tejido asociativo que son una referencia, pero también con el reto de seguir innovando y fortaleciendo la participación ciudadana.
Del discurso a la acción
A lo largo de la jornada pudimos conocer diferentes experiencias que demuestran que el voluntariado se construye desde lo cotidiano.
Desde las asociaciones y entidades sociales hasta las iniciativas comunitarias, son muchas las personas que cada día dedican parte de su tiempo a acompañar, cuidar, defender derechos, generar oportunidades, proteger el medio ambiente o fortalecer los vínculos entre quienes forman parte de una comunidad.
El voluntariado no es solo una forma de ayudar: es también una forma de participar, aprender, relacionarnos y transformar nuestro entorno.
Un voluntariado diverso e inclusivo
La diversidad también tuvo un papel protagonista.
Hablar de participación significa preguntarnos quién participa, quién encuentra barreras y cómo podemos conseguir que más personas tengan la oportunidad de formar parte de los espacios de voluntariado.
Personas jóvenes y mayores, personas migrantes, personas con discapacidad, mujeres, infancia, personas en situación de vulnerabilidad… Cada realidad aporta experiencias, capacidades y miradas diferentes.
Los testimonios que escuchamos ayer nos recordaron la importancia de construir un voluntariado en el que todas las personas puedan encontrar su lugar y sentirse parte de la comunidad.
¿Cómo sabemos que estamos transformando?
También hubo espacio para hablar de algo cada vez más importante para las entidades: medir y visibilizar el impacto del voluntariado.
La contribución de las personas voluntarias está estrechamente relacionada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), pero para avanzar necesitamos herramientas que nos permitan conocer mejor los cambios que generan nuestros proyectos.
La evaluación del impacto, los ODS y la Teoría del Cambio nos ofrecen herramientas para pasar de la intención a la evidencia, aprender de lo que hacemos y mejorar nuestras iniciativas.
Porque medir el impacto no significa poner cifras al compromiso, sino conocer mejor todo lo que conseguimos cuando trabajamos juntas.
Una jornada para encontrarnos
Desde Batekin queremos aprovechar este año para seguir generando espacios de encuentro, fortaleciendo redes y acompañando a las entidades y a las personas que hacen posible que el voluntariado siga siendo una herramienta de transformación social.
Gracias a todas las personas que ayer compartieron su tiempo, sus experiencias y sus aprendizajes.

